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Fundamentos Doctrinales

ASPECTOS DOCTRINALES Y PASTORALES A CONSIDERARSE EN LA PLANIFICACIÓN FAMILIAR NATURAL

 

La Iglesia, Madre y Maestra, constantemente va discerniendo los signos de los tiempos, presentando al mundo los planteamientos de inspiración evangélica que han de regir sobre todo, la vida de los cristianos. El 25 de Julio de 1968, el Papa Pablo VI, ante una problemática específica del mundo, publicaba su Encíclica Humanae Vitae con una inspiración profética. Esta Encíclica sigue siendo -aún en medio de la polémica de los difíciles temas abordados- una luz que ilumina los planteamientos de la Iglesia en materia de Paternidad Responsable, de Planificación Familiar Natural y de otros temas afines.

 

 

 

Constitución Gaudium et Spes (GS)

En el Concilio Vaticano II se debatían cuestiones no solamente doctrinales, sino también pastorales, que eran afrontadas básicamente desde dos diferentes posturas: la de los que esgrimían la doctrina tradicional de la Iglesia y la de quienes consideraban que era necesaria una apertura hacia nuevos planteamientos. Este es el caso de la cuestión matrimonial, que es afrontada con prudencia, pero también con apertura por los padres conciliares. En este campo el Concilio no afronta exhaustivamente el tema de la transmisión de la vida, pues se aboca más a decidir sobre los fines del matrimonio que habría de tener un gran significado posterior en todos los temas relativos al amor de los esposos y a la transmisión de la vida.

 

GS 51. “…Los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida, la índole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal. No es lícito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulación de la natalidad.

 

 

 

Encíclica Humanae Vitae (HV)

 

El 25 de Julio de 1968 el Papa Pablo VI publicó su Encíclica Humanae Vitae, sobre la regulación de la natalidad. En esta Encíclica se analizan en primer lugar los problemas que la sociedad planteaba en aquel momento, problemas que de diversas formas se han agudizado con el pasar del tiempo: desarrollo demográfico, el trabajo de la mujer fuera de casa, los anticonceptivos, etc. Esto le ha valido a esta Encíclica el calificativo de ‘profética’, lo cual no significa que no haya sido considerada también como polémica en el ámbito de la procreación humana.

 

La Humanae Vitae subraya la importancia de la conciencia personal y de pareja en función de una mayor responsabilidad en la paternidad y maternidad, insistiendo también en que la finalidad procreadora pertenece al conjunto de la vida conyugal más bien que a cada uno de sus actos.

 

El Papa Pablo VI invita a recurrir a la dimensión natural en la planificación familiar, aprovechando los períodos infecundos, pero manejando el adecuado dominio de sí mismo, dentro de un ambiente favorable a la virtud de la castidad.

 

Una visión global del hombre HV 7.

El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o psicológico, demográfico o sociológico, a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna. Y puesto que, en el tentativo de justificar los métodos artificiales del control de los nacimientos, muchos han apelado a las exigencias del amor conyugal y de una "paternidad responsable", conviene precisar bien el verdadero concepto de estas dos grandes realidades de la vida matrimonial, remitiéndonos sobre todo a cuanto ha declarado, a este respecto, en forma altamente autorizada, el Concilio Vaticano II en la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

 

La paternidad responsable HV 10.

Por ello el amor conyugal exige a los esposos una conciencia de su misión de "paternidad responsable" sobre la que hoy tanto se insiste con razón y que hay que comprender exactamente. Hay que considerarla bajo diversos aspectos legítimos y relacionados entre sí. En relación con los procesos biológicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; la inteligencia descubre, en el poder de dar la vida, leyes biológicas que forman parte de la persona humana. En relación con las tendencias del instinto y de las pasiones, la paternidad responsable comporta el dominio necesario que sobre aquellas han de ejercer la razón y la voluntad. En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido.

 

La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con el orden moral objetivo, establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores. En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan, por tanto, libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio y de sus actos y constantemente enseñada por la Iglesia.

 

Vías ilícitas para la regulación de los nacimientos. HV 14.

En conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas. Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación…

 

Licitud de los medios terapéuticos HV 15.

La Iglesia, en cambio, no retiene de ningún modo ilícito el uso de los medios terapéuticos verdaderamente necesarios para curar enfermedades del organismo, a pesar de que se siguiese un impedimento, aun previsto, para la procreación, con tal de que ese impedimento no sea, por cualquier motivo, directamente querido.

 

Licitud del recurso a los períodos infecundos HV 16.

A estas enseñanzas de la Iglesia sobre la moral conyugal se objeta hoy, como observábamos antes (n. 3), que es prerrogativa de la inteligencia humana dominar las energías de la naturaleza irracional y orientarlas hacia un fin en conformidad con el bien del hombre. Algunos se preguntan: actualmente, ¿no es quizás racional recurrir en muchas circunstancias al control artificial de los nacimientos, si con ello se obtienen la armonía y la tranquilidad de la familia y mejores condiciones para la educación de los hijos ya nacidos? A esta pregunta hay que responder con claridad: la Iglesia es la primera en elogiar y en recomendar la intervención de la inteligencia en una obra que tan de cerca asocia la creatura racional a su Creador, pero afirma que esto debe hacerse respetando el orden establecido por Dios.

 

Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges, o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los periodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar.

 

La Iglesia es coherente consigo misma cuando juzga lícito el recurso a los periodos infecundos, mientras condena siempre como ilícito el uso de medios directamente contrarios a la fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias. En realidad, entre ambos casos existe una diferencia esencial: en el primero los cónyuges se sirven legítimamente de una disposición natural; en el segundo impiden el desarrollo de los procesos naturales…

 

Graves consecuencias de los métodos de regulación artificial de la natalidad HV 17.

Los hombres rectos podrán convencerse todavía de la consistencia de la doctrina de la Iglesia en este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la natalidad. Consideren, antes que nada, el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio fácil para burlar su observancia.

 

Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a la compañera, respetada y amada.

 

Reflexiónese también sobre el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién podría reprochar aun gobierno el aplicar a la solución de los problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido lícito a los cónyuges para la solución de un problema familiar? ¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz? En tal modo los hombres, queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales que se encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegarían a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal…

 

 

 

Documento de Puebla (DP) III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Puebla, México, 1979

 

DP 609.

Educar preferentemente a los esposos para una paternidad responsable que los capacite no sólo para una honesta regulación de la fecundidad y para incrementar el gozo de su complementariedad, sino también para hacerles buenos formadores de sus hijos.

 

DP 611.

Para lograr una honesta regulación de la fecundidad, se requiere promover la existencia de centros en donde se enseñen científicamente los métodos naturales por parte de personal calificado. Esta alternativa humanista evita los males éticos y sociales de la anticoncepción y la esterilización, que históricamente han sido pasos previos a la legalización del aborto.

 

 

 

Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (FC)

 

Tal vez el documento más importante, y en cierto sentido pionero en la reflexión actual de la Iglesia sobre el Matrimonio y la Familia es esta Exhortación Apostólica del Papa Juan Pablo II, aparecida en 1981 como fruto del Sínodo de Obispos sobre la Familia de 1980. En ella el Papa apunta con precisión el contexto de la vivencia de las Familias en el mundo y plantea varios postulados que orientan sobre el tema de la Planificación Familiar Natural. Esto incluye también la fecundidad responsable, que es intrínseca al amor del hombre y la mujer.

 

FC 1.

“La Familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura”.

 

FC 35.

“Ante el problema de una honesta regulación de la natalidad, la comunidad eclesial, en el tiempo presente, debe preocuparse por suscitar convicciones y ofrecer ayudas concretas a quienes desean vivir la paternidad y la maternidad de modo verdaderamente responsable. En este campo, mientras la Iglesia se alegra de los resultados alcanzados por las investigaciones científicas para un conocimiento más preciso de los ritmos de fertilidad femenina y alienta a una más decisiva y amplia extensión de tales estudios, no puede menos de apelar, con renovado vigor, a la responsabilidad de cuantos —médicos, expertos, consejeros matrimoniales, educadores, parejas— pueden ayudar efectivamente a los esposos a vivir su amor, respetando la estructura y finalidades del acto conyugal que lo expresa. Esto significa un compromiso más amplio, decisivo y sistemático en hacer conocer, estimar y aplicar los métodos naturales de regulación de la fertilidad. Un testimonio precioso puede y debe ser dado por aquellos esposos que, mediante el compromiso común de la continencia periódica, han llegado a una responsabilidad personal más madura ante el amor y la vida. Como escribía Pablo VI, «a ellos ha confiado el Señor la misión de hacer visible ante los hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los esposos con su cooperación al amor de Dios, autor de la vida humana» (HV 25).

 

 

 

Documento de Santo Domingo (DSD) IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Santo Domingo, 1992

 

DSD 225.

Invitar a los teólogos, científicos y matrimonios cristianos a colaborar con el magisterio jerárquico para iluminar mejor los fundamentos bíblicos, las motivaciones éticas y las razones científicas para la paternidad responsable, para la decisión libre, de acuerdo con una conciencia bien formada, según los principios de la moral, tanto en lo que mira al número de hijos que se pueden educar, y en cuanto a los métodos, según una auténtica paternidad responsable. El fruto de estos trabajos será la promoción de programas y servicios que difundan los métodos naturales de planificación, y elaboren manuales de educación para la sexualidad y el amor, dirigidos a niños, adolescentes y jóvenes…

 

 

 

Encíclica Evangelium Vitae (EV)

 

Esta Encíclica, publicada en 1995 por el Papa Juan Pablo II, insiste sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana. De ahí que sea un proyecto importante para todos el promover la cultura de la vida, desde el inicio -incluyendo la forma de concebirla- hasta su terminación natural con la muerte.

 

EV 88.

… Respecto a los inicios de la vida, los centros de métodos naturales de regulación de la fertilidad han de ser promovidos como una valiosa ayuda para la paternidad y maternidad responsables, en la que cada persona, comenzando por el hijo, es reconocida y respetada por sí misma, y cada decisión es animada y guiada por el criterio de la entrega sincera de sí. También los consultorios matrimoniales y familiares, mediante su acción específica de consulta y prevención, desarrollada a la luz de una antropología coherente con la visión cristiana de la persona, de la pareja y de la sexualidad, constituyen un servicio precioso para profundizar en el sentido del amor y de la vida y para sostener y acompañar cada familia en su misión como " santuario de la vida". Al servicio de la vida naciente están también los centros de ayuda a la vida y las casas o centros

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